jueves, 23 de julio de 2009

Grandes cambios sacuden la educación superior

En el mundo entero, la enseñanza superior se ve sacudida por importantes cambios. La explosión de las inscripciones durante el último decenio somete a los sistemas de la educación superior a fuertes tensiones financieras. Al mismo tiempo, las computadoras e Internet permiten un intercambio mundial de conocimientos hasta ahora inimaginable. Los centros educativos son cada vez más competitivos. Pelean por obtener recursos financieros cada vez más escasos y para atraer a los estudiantes, cada vez más numerosos, que desean matricularse en el extranjero. Las universidades públicas, y privadas, cuyo número no cesa de aumentar, firman convenios internacionales y abren programas de estudios o filiales en el extranjero, a un ritmo nunca antes visto.

Estas tendencias se debatieron en la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre Educación Superior celebrada en 1998, pero durante el último decenio se intensificaron, creando nuevas oportunidades y nuevos desafíos para los participantes en la Conferencia Mundial sobre Educación Superior 2009, que tuvo lugar del 6 al 8 de julio en la Sede de la UNESCO, en París. Las preguntas son a menudo complejas y las respuestas controvertidas. Cuando los sistemas públicos se ven desbordados por la cantidad de inscripciones, ¿cómo encontrar fondos para responder a tal demanda de estudiantes, para mantener o mejorar los estándares educativos?

¿La educación superior debe considerarse un bien común, esencial para el desarrollo económico y financiado por el erario público? ¿O es un bien privado que ayuda al progreso individual, y que sólo puede dar resultados si los estudiantes pagan? ¿El acceso a los estudios superiores puede depender de la riqueza más que del mérito? El paso hacia la economía postindustrial condujo a una demanda masiva de enseñanza superior. Las inscripciones progresan a una velocidad vertiginosa. En 2007 había 152,5 millones de universitarios, es decir, globalmente 50% más que en 2000.

Hace solamente medio siglo, en la mayoría de los países los estudios postsecundarios estaban reservados a una pequeña élite, principalmente masculina. Pero hoy, índices de 40 a 50% de jóvenes estudiantes se consideran vitales para el crecimiento económico. En el plano mundial, el porcentaje de jóvenes en edad de ir a la universidad, inscritos en la enseñanza superior aumentó de un 19% en 2000 a un 26% en el año 2007. Las mujeres representan, actualmente, la mayoría de los estudiantes y se prevé que su predominio aumente.

Este promedio oculta sin embargo algunas discordancias regionales: 71% de los jóvenes en edad universitaria de América del Norte y Europa Occidental son estudiantes, 26% de los de la región de Asia Oriental y el Pacífico, 23% de los de los países árabes, 11% de los de Asia del Sur y del Oeste, y, a pesar de una alza rápida, solamente 6% de los de África. Un niño del África Subsahariana tiene menos posibilidades de finalizar la primaria que un europeo de entrar en la universidad.

Dentro de un mismo país, algunos grupos de población no tienen las mismas oportunidades de acceso que otros a la educación superior. Las personas con ingresos bajos o las que viven en lugares alejados, las minorías étnicas, los inmigrantes y los minusválidos están menos representados en la educación superior. Algunos responsables de la educación introdujeron medidas para mejorar esta situación, tales como préstamos estudiantiles, becas para los estudiantes con bajos ingresos, programas culturalmente enfocados y cuotas reservadas para miembros de las minorías o de castas inferiores a la población desfavorecida.

La enseñanza superior es cada vez más vista como un motor de desarrollo económico. Pero con la expansión del número de estudiantes, los ingresos fiscales de los Estados no consiguen estar a la altura de los costes crecientes de los sistemas públicos. Y el resultado frecuente es una falta de medios importante: aulas y salas de conferencias repletas, fondos de bibliotecas que no están al día, financiamientos para la investigación en decadencia y deterioro de las infraestructuras. El problema, que ya es muy perjudicial para el África Subsahariana, se siente también en todos los países en desarrollo y en transición.

Las universidades públicas, en otros tiempos fuertemente dependientes del financiamiento estatal, se ven obligadas a compensar por sí mismas una parte cada vez más importante de sus costos. Para lograrlo, en numerosos países donde la enseñanza era gratuita o casi gratuita, se incorporaron gastos de escolaridad, como por ejemplo en China, en 1997. Europa conoce el mismo proceso, a pesar de haber sido por mucho tiempo el bastión de la educación superior gratuita (en el Reino Unido comenzó a pagarse en 1998, y en Austria en 2001). Además, varios países africanos aumentaron de manera sustancial los costes de alojamiento, comida y otros servicios que corren a cargo del estudiante. Los centros educativos desarrollan cada vez más políticas empresariales.

Realizan investigaciones pagadas para empresas o administraciones y desarrollan formaciones que se pagan para responder a las necesidades de las empresas locales. A veces es preocupante. Al poner tanto empeño en recaudar fondos, pueden socavarse las actividades universitarias tradicionales. Los programas y la investigación en ciencias humanas, por ejemplo, no tienen aplicaciones comerciales. Los grupos de teatro, periódicos, radios y televisiones no comerciales de los campus por lo general no producen ningún ingreso. Pero tales actividades hacen de las universidades centros de la vida intelectual. Los poderes públicos reemplazan cada vez más los financiamientos presupuestarios clásicos de la investigación por financiamientos sometidos a la competición. Todos estos desarrollos refuerzan la competencia y crean diferencias entre universidades. Muchas de ellas prestan mucha atención a su rango en las clasificaciones internacionales. El impacto es particularmente evidente en los sistemas públicos o hasta donde recientemente las universidades supuestamente eran más o menos equivalentes.

Ciertos establecimientos y ciertos sistemas nacionales introducen más programas técnicos y profesionales en su propuesta de enseñanza. Es una pregunta crucial en las economías en desarrollo que a la vez necesitan de diplomas en las disciplinas técnicas pero también de profesionales y de cuadros dotados de una cultura general, de un espíritu y de un pensamiento crítico. Por otro lado, se vuelve urgente la necesidad de investigación centrada en las necesidades locales de desarrollo.

http://www.iesalc.unesco.org.ve/

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